Durante años compitió en fisicoculturismo, un deporte que exige llevar el cuerpo al límite. Ese camino, sumado al impacto hormonal de la práctica, dejó como consecuencia una clitoromegalia que la acompañó silenciosamente durante décadas. A pesar de estar en una pareja estable y contenida, la incomodidad física y emocional era profunda. No se trataba de estética: se trataba de poder habitar su cuerpo sin vergüenza, sin molestias y sin ese peso íntimo que llevaba desde hacía tanto tiempo.
A sus 54 años decidió dar un paso que postergó durante toda una vida de disciplina: buscar una solución médica y recuperar bienestar. Y eso también es salud.
